|
El señor presidente
Carlos Angulo Rivas
Parásitos congénitos ¡sí señores!
los que chupan sangre del Estado
y también de la nación…
tal si fuera una canción
de alegres ruiseñores.
Aprendan de los patrones
ellos me enseñaron a montones,
ya que viven entre rosales
ustedes, entre espinas y zorzales
ellos están enamorados de la exclusión
ustedes, muy tristes no tienen instrucción
ellos reclaman, exigen no pagar impuestos
ustedes, gandules, subsistencia y más puestos
ellos piden tarifas en ascenso
ustedes, llenar barrigas oídos por el censo.
A ellos les sobra prendas, alimentación
a ustedes, pobrecitos, les falta nutrición
yo el presidente proclamo la alegría
ustedes, tranquilitos mueren de melancolía.
Yo el presidente estudié poco; y de puros regalones
me doctoraron, a espera de mí los muy glotones
nunca trabajé ni siquiera de abogado
hoy delirante tengo al pueblo embobado
para mí la vida fue siempre un carnaval
y bien bailo disfrazado en tiempos de estival.
Aprendan de los milicos
ellos piden pero visten uniforme
ustedes, apenas un vestido deforme
ellos usan botas bien lustradas
ustedes, zapatos rotos y andadas
ellos piden carro y gasolina
ustedes, apenas agua cristalina.
A ellos les brillan los metales
a ustedes, la luna en los arenales
a ellos les sobran luces encendidas
a ustedes, privación de luz por las “mordidas”
ellos tienen pulidos sus faroles
ustedes, ni siquiera los frijoles.
Aprendan de los jueces que consultan
de mis ministros, que a la dignidad insultan
de los congresistas que imponen y multan
de los jefes de adquisiciones mano en caja
como el presidente, ellos saben sacar ventaja.
Me gusta mucho la pena de muerte,
pues a los rebeldes los tengo en mente
evalúo a esos malos profesores
pero no se metan con mis mentores
finalmente, no pidan salud y vivienda
porque ya no cabemos en la tienda.
Ustedes piden leche, pan y limonada
Yo les digo: ¡parásitos! otorgándoles nada
pero le compro a mi hijo Simón
el automóvil prometido por pedilón.
A ustedes en elecciones les prometí trabajo
y hoy les digo: búsquensela ¡carajo!
¡Coño! estamos boquiabiertos
de los ricos elementos
del parásito inherente,
el señor presidente.
De los Parásitos y gorrones
¡qué buenos cojones!
el autor reside en canada
|